Mi pequeña historia

Hace poco encontré unas fotos antiguas, de cuando hice el curso de parapente.... Dios mío..... Si miro atrás, y analizo como fue mi entrada en éste mundillo...uffffff. Creo que merece la pena contarlo. Seguro que muchos de vosotros os sentireis identificados de alguna manera.

Junio 1991.
Tengo 18 años. Aunque vivo en Alcala de Henares, buena parte de mi familia es Francesa, de los Alpes (Chamonix). Paso varias semanas del año allí, durante las vacaciones, y he tenido la suerte de seguir el nacimiento y desarrollo de éste deporte. Desde crío, no paro de mirar al cielo, viendo esos "trapos" de colores.... y me muero de ganas por probarlo. La casa de la Juventud de Alcalá, organiza un curso de parapente, a un precio estupendo. ¡Mi gran oportunidad!. Se forma un grupete de chavales (y 2 chicas), ansiosos por descubrir el vuelo.
El primer día, nos llevan a una ladera cerca de Alcalá, a practicar inflados hasta reventar. Nunca mejor dicho.... Estamos en pleno verano. Un calor de muerte. De pronto se desprende una térmica bestial (o puede que fuese un dust devil) justo donde estamos practicando. La vela de una de las chicas (la novia del profe) se hincha y ésta sale despedida, en vertical, a unos 10 metros. Tan rápido como subió....¡bajó!, y la pobre, que no tuvo tiempo de hacer nada, se estampó de mala manera, cayendo de culo. Rápidamente se la inmoviliza, y se llama a emergencias. Un par de horas más tarde fue trasladada al hospital en helicóptero.
¡¡¡¡Vaya primer día!!!!.
El diagnóstico: aplastamiento de vértebras.... grave, pero pudo ser mucho peor. ¿El Airbag? ¡¡Anda ya!!.... ¡en esa época eso ni existía!.
El curso siguió a marchas forzadas (ni teoría ni chorradas de esas), y tras unos saltos "pulga", rápidamente nos llevaron a la Muela, en Alarilla. Allí nos "tiraban" sin muchos miramientos. En mi primer vuelo, recién despegado, tuve una plegada ¡hay que joderse! (es lo que tiene hacer un curso en pleno verano Madrileño).... Parece ser que todo Dios se puso a gritarme lo que tenía que hacer, pero no oí nada. Me pareció gracioso ver un trozo de mi vela hecha un trapo. Le di unos tirones al freno y se solucionó (había leído en algún sitio que había que hacer eso... madre mía que curso....). Alguien en el aterrizaje te guiaba, por la radio, y haciendo señales con las manos. Aún con esas, uno de los compañeros se las apañó para aterrizar en una acequia. La vela fué arrastrada por la corriente, con su desdichado piloto detrás, claro. Por poco se ahoga. Los otros compañeros estuvieron muy atentos y se tiraron al agua para ayudarle. Las zarzas le dejaron, eso si, bien marcado el cuerpo.... como chorreaba sangre el pobre.
Y así terminó el curso.... por llamarlo de alguna manera. Eran otros tiempos... Peligrosos tiempos...

Pasaron casi 2 años antes de que pudiese comprarme mi primer parapente. En esa época, los parapentes ya estaban homologados por la ACPUL, y se dividían en los niveles 1 ,2 ,3. Sin tener ni puñetera idea de nada, le compré a un compañero de curro de Chamonix, su ITV Meteor Gold. Una peazo de vela: Nivel 2, con un alargamiento importante para la época ¡4.4! (ja, ja). Claramente por encima de mi nivel.... pero de nuevo...eran otros tiempos. Y así retomé la actividad, yendo a volar regularmente a la Muela.
Pronto me cansé de los vuelos "balísticos", y me animé a volar cuando el viento era lo suficientemente fuerte como para mantenerte haciendo ladera. Y no tardé en tener mi primer (¡y único!) accidente: Despegué en cuanto empezó a subir el viento. Lo malo es que después de mi, despegaron también un buen puñado de pilotos. Me encontré haciendo ladera con un montón de gente, bien apretaditos, en un caos total.
Me puse nervioso. En lugar de abandonar y largarme al aterrizaje, preferí aterrizar arriba (ahora lo llaman "top landing", que mola más), para ahorrarme la subidita en autostop. Como no me explicaron bien eso de las "aproximaciones", y con los nervios del momento, me vi con altura suficiente para hacer un 360º (en lugar de hacer ochos dejándome derivar para atrás). Por supuesto, el 360º se quedó en un 190º. Llegué al suelo viento en cola, y en pleno giro. El revolcón fue cojonudo. Recuerdo el casco volando por los aires, acompañado de las gafas. Varios pilotos corrieron hacia mí para ver si seguía entero. Me levanté y les dije que estaba bien. Al doblar la vela me fui dando cuenta de que no estaba tan bien como creía. Me dolía la muñeca, y tenía un esguince brutal en el tobillo. De camino a casa, en el coche, me di cuenta, a cada vez que giraba el volante, de que me dolía el hombro, y hasta me parecía sentir un crujido extraño. Al tocarme me di cuenta de que tenía rota la clavícula ¡vaya plan!.
Me fui directo al hospital. Al llegar paré el coche en urgencias y toqué el claxon. El celador que vino a verme se sorprendió cuando le dí las llaves del coche y le dije: "traigame una silla que no puedo dar ni un paso, y haga el favor de aparcarme el coche". Me dolía todo el cuerpo...o al menos todo el lado izquierdo. El siguiente numerito fue presentarme en casa con el tobillo y muñeca escayolados, y un sádico-vendaje para la clavícula fisurada.
Tardé más de 1 año en recuperarme del todo, sobre todo por el tobillo.

Durante las siguientes vacaciones de verano, en 1995, me fui de nuevo a Chamonix, a currar en un restaurante. Me llevé la vela con intención de reintentarlo. Recuerdo perfectamente el primer vuelo: Despegue desde Planpraz (no se parece mucho a La Muela, vaya que no), 1000 metros de desnivel en un lugar increíble, y aterrizaje en el Savoie (una pequeña pista de esquí pegada a la ciudad... no muy grande y rodeada de bloques de apartamentos y abetos enormes). A pesar de la temeridad, milagrosamente, todo fue bien ¡no me pasó nada!. Antes de ir al trabajo cada día, me solía pegar 1 o 2 vuelos de 15-20 minutos, cogiendo los primeros teleféricos del día.
Fue un verano estupendo.

Con la moral a tope, y bastantes vuelos acumulados, volví para España. Decidí empezar a volar en "horas calientes"...e iniciarme en eso que llamaban "vuelo en térmica". Y de nuevo estaba en la Muela, con el equipo puesto y listo para despegar. Solo tenía que esperar a que saliese otro piloto antes que yo. Nada más salir, aquel piloto soltó los mandos para sentarse mejor en la silla. Y como no podía ser de otra forma, ¡plegadón brutal!. Media vela hecha un trapo, giro
instantáneo de 180º, y directo a la ladera. Recuerdo como estiró las piernas para tratar de amortiguar el golpe. Fue brutal. Quedó insconsciente, pero la vela volvió a hincharse y le arrasatró dándole más golpes en las piedras de la nada agradable ladera de la Muela. Me quedé pálido. Un par de personas se tiraron sobre la vela para parar aquella masacre.
Me quité el equipo.... lo guardé, y me marché. Sabía que aquella persona estaba viva, consciente, pero jodido. No tuve valor para averiguar más.
Al día siguiente puse un anuncio y 1 semana más tarde vendí todo el equipo. En Francia ya había oído de varios accidentes, pero vivir este tan de cerca, tan brutal, fue la gota que colmó el vaso.
Aquello fue demasiado para mi.

Durante varios años traté de apaciguar mis ganas de volar, y me dediqué al aeromodelismo.

Hasta Diciembre del 2001. Yendo en coche por la A1, a la altura del circuito del Jarama, me pasa por encima un parapente con un extraño cacharro. ¡Un paramotor!. Era la primera vez que veía uno. Rápidamente averigue que allí cerca está el aeródromo Loring, donde además de ULM's, había una escuela de paramotor.
Lo vi claro. Poder volar todo el tiempo que me diese la gana, sin tener que arriesgar el pellejo volando en térmica o viento fuerte, sin riesgo de estamparme en vuelo con nadie. El curso se alargó bastante por el mal tiempo (era invierno). Pude probar varios motores y velas. También probé el sabor de la tierra en la boca. Si, si...., me caí de bruces empujado por el motor, al correr sin ponerme recto. Los colegas todavía se acuerdan...los muy capullos pensaron que lo dejaría por patoso (me lo confesaron años más tarde). El caso es que lo del motor no me terminó de convencer en un principio. Cuando volaba con el famoso motor "Solo", aquello vibraba tanto, que las gafas no paraban de dar saltos en mi nariz, y lo veía todo borroso. ¡Que infierno!. Menos mal, vi que era cosa de ese paramotor en particular, que debía ser el cacharro más castigado de la tierra.

También hubo una anécdota curiosa en el curso. Nos trasladamos con la escuela a Venturada, y en un vuelo local, me rodeó la niebla. Pude encontrar un huequito y aterricé sin problemas. La radio no funcionaba (como no), y no pude avisar al profe. El pobre, preocupado, salió a volar para buscarme, con una niebla que no se veía nada de nada. Que peligro. El caso es que ¡me encontró!.

Tuve que esperar otro año más antes de poder comprarme un equipo de 2ª mano (algunas manos más tenía....). Un PAP1100 con motor Solo, y una ADG Havanne....

Y a partir de ahí, 6 años fabulosos. Progresando día a día, disfrutando cada vez más, y en un ambiente inmejorable.
¡¡¡¡Viva el paramotor!!!!

2 comentarios:

yli dijo...

Muy chula tu historia, has tenido un poco de mala suerte pero esta bien que sigues volando.
gracias con compartirla con nosotros.

Yli, http://paraglidetv.com

Anónimo dijo...

Muy bueno el blog, felicitaciones. Richard.

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